Decidí no contarle nada a Ana de lo sucedido pese al insistente tintineo de su voz haciendo siempre la misma pregunta. Creo que se fue a dormir bastante enojada a saber por sus clásicas señales de disturbio: apagó la luz del velador de un golpe y se arrolló como un canelón en la sábana. Yo permanecí distante, lo sé, pero realmente pensaba que ella tenía que aprender a respetar mis momentos de introspección. ¡Era tan fuerte lo que me había pasado! ¿Cómo explicárselo sin caer en la redundancia de las palabras inútiles, de los conceptos forzados? Conozco su mente insaciable del detalle y el por qué. Millones de preguntas tratando de encajar una a una en una infinita cuadrícula. Incluso el amor, incluso yo. No hay forma de hacerle entender que mi mente funciona de manera distinta.
Era demasiada información y venía a mí de una forma tan atípica como demoledora. Ni siquiera había comenzado a pensar en los extraordinarios poderes que me habían sido concedidos en el sueño cósmico (mi bizarra sensación de superhéroe) cuando me dormí. Y al despertar no recordé nada. Disipé de buena gana el miedo a que naturalmente mis sueños equivalieran a los efectuados bajo el efecto de la dream pill. Traté hacer algo provechoso del resto del día pero fue en vano.
Esta vez me sentí más tranquilo de la hora de tomar la pastilla. Los médicos habían advertido que el tiempo de estancia sería mayor y esperaba poder saber más de la experiencia. Volví a sentir el sonido que tanto me había aterrado pero con una menor intensidad. De repente me encontré mirando mi ombligo en busca del famoso cordón de plata del que hablan los estudiosos de los viajes astrales. No lo encontré aunque si me vi en aquella sala plácidamente dormido con la boca abierta. ¡Qué vergüenza! Me consolé pensando que sólo los médicos podían verme. Pero en el instante que tuve ese pensamiento dejé de estar en el recinto circular. El cambio de espacio había sido muy rápido pero puedo jurar, en aquel segundo de transición, que el rabillo de mi ojo vio algo parecido a una descomposición gradual del ambiente. El efecto era como si las paredes se hubieran derretido por un calor infernal.
Sin siquiera moverme, o al menos sin percibirlo, me vi en un parque tan verde como el del sueño anterior. A lo lejos, divisaba una figura femenina envuelta en una túnica blanca que se acercaba hacia mí. El perfecto paisaje enmarcaba el vuelo de la vaporosa tela a través de las emanaciones de aire de una brisa fresca y juvenil. Sentí una especie de júbilo, o acaso un éxtasis de la mera existencia, cualquiera fuera la forma de esta en mi actual estadía. La vida es sueño decía Calderón de la Barca después de todo.
La dama de blanco aún se localizaba lejana pero caminaba decididamente para donde yo me encontraba. Pensé en aquellos cuadros bucólicos de Monet y me imaginé siendo poco más que una pincelada suya. Entonces me di cuenta; era ella, la pelirroja, la estaba viendo, como ella me había visto a mi la vez pasada. Me pareció increíble porque sabía que era real. Comencé a correr.
A escasos metros me detuve a contemplarla y ella hizo lo mismo. Su rostro pálido parecía más blanco aún y sus pecas inundaron mis retinas en sediento elixir. Desconozco cuanto tiempo habrá pasado pero pareció mucho. Entonces repentinamente me arrojé a su cintura como un lobo hambriento que encuentra indefensa a su presa. Caímos al césped. Comencé a besarla con una pasión casi irreal, fuera de sí, una pasión que hoy mirándola desde afuera me asusta. Ella no sólo me correspondía sino que me animaba a tal comportamiento.
Hicimos el amor frenéticamente, devastándonos en cada beso con una lujuria carente de vergüenza y de maldad. Era amor y lo que exteriorizaba como nunca antes lo había hecho. Nuestro acto sexual no poseía nada impuro o superfluo. Era la más simple y cabal manifestación de amor.
No sé cómo explicarlo pero en cierta medida me hizo acordar a la primera vez que tomé éxtasis e tuve sexo. No se trataba, al igual que en aquella ocasión, de una mera genitalidad sino todo lo contrario. Era un disfrute del proceso, del simple roce de la yema de unos dedos recorriendo mi piel, de unos labios en mi cuello, de un mordisco en mi espalda. Pero la diferencia estribaba en que esta vez la ausencia de droga me hacía sentir una menor ficcionalidad en mis actos.
No sé cuánto tiempo pasó pero súbitamente ella dijo “Tengo que irme” y simplemente se evaporó. Pensé que si ella había desaparecido yo también podría hacerlo y que el movimiento voluntario en el espacio-tiempo era otra de las posibilidades del sueño cósmico. Lo intenté algunas veces pero nada ocurrió. Hasta que finalmente volví a mi mismo y a la Fundación Cosmic Dream.
Los médicos dijeron qque tenían que explicarnos algunas cosas y reflexionar sobre ellas porque habían notado ciertas anomalías en nuestros sueños. Mientras tanto, intentaba buscar los ojos de la pelirroja inútilmente porque no entré en su campo visual por el resto de la noche.
Aún un tanto aturdidos, nos dirigimos a la sala de reuniones donde habíamos asistido a la primera presentación. Creo que recién en esa ocasión comencé a prestarle más atención al resto de la gente que se encontraba a mi alrededor y que estaría encontrando aquella experiencia tan desconcertante como yo. Volvió a mi mente el pensamiento de que éramos todos tan disímiles que parecíamos los elegidos de un casting de freaks de reality shows. No eran muchos, quizás una docena. Había un par de hombres que seguían insistiendo en la solemnidad de su indumentaria, una joven excéntrica y rellena, una vieja con demasiadas ganas de ser observada, un niñato, un hippie. Y a pesar de que no había cruzado palabra con ellos parecíamos una colección ecléctica de caracteres.
Una vez que estábamos sentados el doctor más mayor dijo:
- Bueno, ya hemos pasado por dos experiencias y a la vista del desarrollo de cada uno de sus sueños cósmicos es necesario que aclaremos algunos puntos. Yo sé que la mayoría de ustedes estará muy confundida, que tendrán mil preguntas para hacer pero, a riesgo de sonar autoritario, por favor les pido que no las formulen en este momento. No es necesario que dispongan del total de la información ahora, de hecho puede resultar contraproducente. De todos modos, como lo habrán notado, nosotros disponemos de toda la información de lo acaecido en cada uno de los casos. Los ordenadores ubicados a la derecha de las camas están conectados a los cascos que utilizan y que a su vez mandan la información para ser visualizada a través de las tres pantallas asignadas por participante. En ellas podemos ver las representaciones mentales de sus sueños así como medir sus indicadores físicos y el tipo de sensaciones que tienen ante las distintas circunstancias frente a las que se encuentran.
Yo sé que es difícil aceptar que una experiencia que se siente tan real pueda estar siendo controlada. Pero también quiero que sepan que no hay ningún tipo de censura que nosotros vayamos a imponer sobre el mundo del sueño cósmico. Si lo hiciéramos la experimentación sería inútil porque dependería de nuestras disposiciones. Lo que estamos intentando es simplemente ser una guía a través de este complejo camino.
Lo que pasa en la vida real es una cosa y lo que pasa en el sueño cósmico es otra de muy distinto calibre. No se avergüencen ni actúen moralistas al respecto. Porque cuantas más trabas construyan conscientemente, tendrán menos posibilidades de desarrollar una experiencia plena. Sin embargo, es de suma importancia aclarar algo antes de seguir con las próximas sesiones. –En ese momento de máxima tensión en la sala, donde no se oía ni el zumbido de una mosca, el doctor hizo una breve pausa y con un gesto solemne se sirvió un poco de agua y bebió. Luego continúo el monólogo. – Tenemos que diferenciar el sueño cósmico del sueño tal cual lo entendemos en forma común y corriente. Si bien, durante el experimento la mayoría de ustedes demuestra tener una sensibilidad mucho mayor que en la realidad, percibimos a la vez que no terminan de comprender cabalmente la magnitud de lo que está pasando y equiparan la experiencia a un sueño normal, como los que tenemos todas las noches cuando nos vamos a dormir.
Lo que tenemos que entender es que tanto cuando dormimos normalmente como cuando lo hacemos por efecto de la dream pill, nuestro cuerpo material, o sea en el que estamos aquí y ahora, se encuentra dormido. Pero en el sueño normal las imágenes que formamos, a las que llamamos sueños, no son más que creaciones de nuestro subconsciente, residuos de nuestra actividad cerebral. Ustedes mismos comprobarán que cuando realizan una actividad rutinaria por un tiempo prolongado es común que luego al dormir o al cerrar sus ojos vuelvan a repetir esa escena en su mente. A algunos les habrá pasado, por ejemplo, que luego de una sesión continuada de Tetris nuestra mente sigue moviendo y colocando piezas como en el juego. El sueño, en este caso, es una reelaboración de informaciones almacenadas en la memoria.
Tenemos que diferenciar estas creaciones mentales que provienen de nuestro subconsciente de las experiencias del sueño cósmico. El sueño cósmico es real, tan real como lo que vivimos ahora con la diferencia que se encuentra en una dimensión distinta. Para ser más claros, no se trata de un sueño en el sentido onírico del término sino de un viaje a una dimensión que nosotros denominamos cósmica. Sin embargo, por lo que pudimos observar de sus experiencias, la mayoría de ustedes está focalizando sus viajes cósmicos como si se tratara de un sueño común y corriente sólo que más intenso. De esa forma, están dejando que el contenido inconsciente latente pase a manifestarse en el sueño cósmico, lo invada, por decirlo de alguna forma. Esto es, desde el punto de vista del estudio, lo que nosotros llamamos “contaminación” y es un problema muy común en este tipo de experimentación.
- A ver si puedo ser un poco más claro –retomó el médico. –Al dejar que sus manifestaciones inconscientes, que de forma normal entran en contacto con su nivel consciente a través de los sueños, entren al campo de experiencias cósmicas, están, por decirlo de alguna forma, obstaculizando el potencial de desarrollo de su viaje. Nosotros no estamos aquí para investigar los sueños, no nos interesan. Estamos aquí para estudiar los sueños cósmicos, viajes astrales, desdoblamientos o como les quieran llamar.
Sé que la incorporación de estos conceptos es complicada pero para mitigar las posibles confusiones de ahora en más vamos a concientizarnos a la hora de tomar la dream pill porque nos damos cuenta que fue un error pensar que con esta droga íbamos a eliminar esta anomalía recurrente. No conviertan esta oportunidad única para la que fueron elegidos en la simple proliferación de deseos reprimidos.
Para ser más claros, nadie les va a decir, por ejemplo, que no tengan sexo, pero a la vez sepan utilizar su tiempo en experiencias realmente significativas. Cuando entiendan que el sueño cósmico no es carnal sino espiritual empezarán a ver lo que hoy les está siendo vedado a causa de su ignorancia. Hay mucho que aprender en el campo cósmico, no pierdan esta oportunidad cegados por el deseo de lo cotidiano.
Cuando terminó la charla, me sentí terriblemente aludido y paranoico por el contenido de la misma. Me preguntaba de qué forma los médicos habían podido visualizar lo que había pasado en aquel parque y si lo que dijeron se hubiera referido particularmente a lo que yo había experimentado o si mi sueño sólo era uno más dentro de un patrón regular de viajes cósmicos ligados a deseos materiales. De todos modos, si bien entendía intelectualmente lo que decían, se me hacía aún muy difícil comprender verdaderamente la disociación cuerpo y espíritu que planteaban. Desde chico había rechazado la religión por mi imposibilidad de imaginar un mundo sin lo físico, sin la carne. La división dualística del cristianismo siempre me resultó poco palpable, incomprensible.
Giré la cabeza a mi alrededor en busca de la pelirroja, quería explicarle de alguna manera lo sucedido y, de pura suerte, alcancé a divisarla cuando salía apresuradamente por la puerta. Realmente yo no estaba seguro de si lo sucedido había sido un sueño o un sueño cósmico, si ella había participado del acto sexual o si sólo la había proyectado en mi mente. Necesitaba aclararlo así que corrí para alcanzarla.
-¡Espera! –Le grité mientras ella volteaba hacia mí.- Quiero hablarte.
-Escucha. Prefiero no hablar de lo que pasó hoy, lo siento –dijo sin disimular su turbación.
Dio media vuelta en forma dubitativa, pero luego retomó el paso ágil y apurado. ¡Ha pasado en serio!, pensé. Ha pasado…


