domingo 10 de mayo de 2009

CAPITULO 5

Decidí no contarle nada a Ana de lo sucedido pese al insistente tintineo de su voz haciendo siempre la misma pregunta. Creo que se fue a dormir bastante enojada a saber por sus clásicas señales de disturbio: apagó la luz del velador de un golpe y se arrolló como un canelón en la sábana. Yo permanecí distante, lo sé, pero realmente pensaba que ella tenía que aprender a respetar mis momentos de introspección. ¡Era tan fuerte lo que me había pasado! ¿Cómo explicárselo sin caer en la redundancia de las palabras inútiles, de los conceptos forzados? Conozco su mente insaciable del detalle y el por qué. Millones de preguntas tratando de encajar una a una en una infinita cuadrícula. Incluso el amor, incluso yo. No hay forma de hacerle entender que mi mente funciona de manera distinta.

Aquella noche fue diferente a todas. Volvía dormir, pero esta vez, sin la asistencia de una pastilla. Me encontraba inquieto y expectante reflexionando sobre ese lastro de circularidad de las sensaciones, ese resabio de sentimiento de una antigua presencia. De la forma en que mi madre se había conectado conmigo en el sueño cósmico de una manera tan vivaz. Y como lo había hecho, en cierta forma, antes de que me encontrara en aquel lugar. Lo hizo a través de unas tejas rojas que dispararon automáticamente el recuerdo hasta nuestra vieja casa. Y cómo, luego me vi a mi mismo frente al chocolate que humeaba imitando esas tantas otras veces. Y finalmente aquella agreste escena, el álbum familiar y la foto, rodeada de espacios vacíos, sin ella.

Era demasiada información y venía a mí de una forma tan atípica como demoledora. Ni siquiera había comenzado a pensar en los extraordinarios poderes que me habían sido concedidos en el sueño cósmico (mi bizarra sensación de superhéroe) cuando me dormí. Y al despertar no recordé nada. Disipé de buena gana el miedo a que naturalmente mis sueños equivalieran a los efectuados bajo el efecto de la dream pill. Traté hacer algo provechoso del resto del día pero fue en vano.

Esta vez me sentí más tranquilo de la hora de tomar la pastilla. Los médicos habían advertido que el tiempo de estancia sería mayor y esperaba poder saber más de la experiencia. Volví a sentir el sonido que tanto me había aterrado pero con una menor intensidad. De repente me encontré mirando mi ombligo en busca del famoso cordón de plata del que hablan los estudiosos de los viajes astrales. No lo encontré aunque si me vi en aquella sala plácidamente dormido con la boca abierta. ¡Qué vergüenza! Me consolé pensando que sólo los médicos podían verme. Pero en el instante que tuve ese pensamiento dejé de estar en el recinto circular. El cambio de espacio había sido muy rápido pero puedo jurar, en aquel segundo de transición, que el rabillo de mi ojo vio algo parecido a una descomposición gradual del ambiente. El efecto era como si las paredes se hubieran derretido por un calor infernal.

Sin siquiera moverme, o al menos sin percibirlo, me vi en un parque tan verde como el del sueño anterior. A lo lejos, divisaba una figura femenina envuelta en una túnica blanca que se acercaba hacia mí. El perfecto paisaje enmarcaba el vuelo de la vaporosa tela a través de las emanaciones de aire de una brisa fresca y juvenil. Sentí una especie de júbilo, o acaso un éxtasis de la mera existencia, cualquiera fuera la forma de esta en mi actual estadía. La vida es sueño decía Calderón de la Barca después de todo.

La dama de blanco aún se localizaba lejana pero caminaba decididamente para donde yo me encontraba. Pensé en aquellos cuadros bucólicos de Monet y me imaginé siendo poco más que una pincelada suya. Entonces me di cuenta; era ella, la pelirroja, la estaba viendo, como ella me había visto a mi la vez pasada. Me pareció increíble porque sabía que era real. Comencé a correr.

A escasos metros me detuve a contemplarla y ella hizo lo mismo. Su rostro pálido parecía más blanco aún y sus pecas inundaron mis retinas en sediento elixir. Desconozco cuanto tiempo habrá pasado pero pareció mucho. Entonces repentinamente me arrojé a su cintura como un lobo hambriento que encuentra indefensa a su presa. Caímos al césped. Comencé a besarla con una pasión casi irreal, fuera de sí, una pasión que hoy mirándola desde afuera me asusta. Ella no sólo me correspondía sino que me animaba a tal comportamiento.

Hicimos el amor frenéticamente, devastándonos en cada beso con una lujuria carente de vergüenza y de maldad. Era amor y lo que exteriorizaba como nunca antes lo había hecho. Nuestro acto sexual no poseía nada impuro o superfluo. Era la más simple y cabal manifestación de amor.

No sé cómo explicarlo pero en cierta medida me hizo acordar a la primera vez que tomé éxtasis e tuve sexo. No se trataba, al igual que en aquella ocasión, de una mera genitalidad sino todo lo contrario. Era un disfrute del proceso, del simple roce de la yema de unos dedos recorriendo mi piel, de unos labios en mi cuello, de un mordisco en mi espalda. Pero la diferencia estribaba en que esta vez la ausencia de droga me hacía sentir una menor ficcionalidad en mis actos.

No sé cuánto tiempo pasó pero súbitamente ella dijo “Tengo que irme” y simplemente se evaporó. Pensé que si ella había desaparecido yo también podría hacerlo y que el movimiento voluntario en el espacio-tiempo era otra de las posibilidades del sueño cósmico. Lo intenté algunas veces pero nada ocurrió. Hasta que finalmente volví a mi mismo y a la Fundación Cosmic Dream.

Los médicos dijeron qque tenían que explicarnos algunas cosas y reflexionar sobre ellas porque habían notado ciertas anomalías en nuestros sueños. Mientras tanto, intentaba buscar los ojos de la pelirroja inútilmente porque no entré en su campo visual por el resto de la noche.

Aún un tanto aturdidos, nos dirigimos a la sala de reuniones donde habíamos asistido a la primera presentación. Creo que recién en esa ocasión comencé a prestarle más atención al resto de la gente que se encontraba a mi alrededor y que estaría encontrando aquella experiencia tan desconcertante como yo. Volvió a mi mente el pensamiento de que éramos todos tan disímiles que parecíamos los elegidos de un casting de freaks de reality shows. No eran muchos, quizás una docena. Había un par de hombres que seguían insistiendo en la solemnidad de su indumentaria, una joven excéntrica y rellena, una vieja con demasiadas ganas de ser observada, un niñato, un hippie. Y a pesar de que no había cruzado palabra con ellos parecíamos una colección ecléctica de caracteres.

Una vez que estábamos sentados el doctor más mayor dijo:

- Bueno, ya hemos pasado por dos experiencias y a la vista del desarrollo de cada uno de sus sueños cósmicos es necesario que aclaremos algunos puntos. Yo sé que la mayoría de ustedes estará muy confundida, que tendrán mil preguntas para hacer pero, a riesgo de sonar autoritario, por favor les pido que no las formulen en este momento. No es necesario que dispongan del total de la información ahora, de hecho puede resultar contraproducente. De todos modos, como lo habrán notado, nosotros disponemos de toda la información de lo acaecido en cada uno de los casos. Los ordenadores ubicados a la derecha de las camas están conectados a los cascos que utilizan y que a su vez mandan la información para ser visualizada a través de las tres pantallas asignadas por participante. En ellas podemos ver las representaciones mentales de sus sueños así como medir sus indicadores físicos y el tipo de sensaciones que tienen ante las distintas circunstancias frente a las que se encuentran.
Yo sé que es difícil aceptar que una experiencia que se siente tan real pueda estar siendo controlada. Pero también quiero que sepan que no hay ningún tipo de censura que nosotros vayamos a imponer sobre el mundo del sueño cósmico. Si lo hiciéramos la experimentación sería inútil porque dependería de nuestras disposiciones. Lo que estamos intentando es simplemente ser una guía a través de este complejo camino.
Lo que pasa en la vida real es una cosa y lo que pasa en el sueño cósmico es otra de muy distinto calibre. No se avergüencen ni actúen moralistas al respecto. Porque cuantas más trabas construyan conscientemente, tendrán menos posibilidades de desarrollar una experiencia plena. Sin embargo, es de suma importancia aclarar algo antes de seguir con las próximas sesiones. –En ese momento de máxima tensión en la sala, donde no se oía ni el zumbido de una mosca, el doctor hizo una breve pausa y con un gesto solemne se sirvió un poco de agua y bebió. Luego continúo el monólogo. – Tenemos que diferenciar el sueño cósmico del sueño tal cual lo entendemos en forma común y corriente. Si bien, durante el experimento la mayoría de ustedes demuestra tener una sensibilidad mucho mayor que en la realidad, percibimos a la vez que no terminan de comprender cabalmente la magnitud de lo que está pasando y equiparan la experiencia a un sueño normal, como los que tenemos todas las noches cuando nos vamos a dormir.
Lo que tenemos que entender es que tanto cuando dormimos normalmente como cuando lo hacemos por efecto de la dream pill, nuestro cuerpo material, o sea en el que estamos aquí y ahora, se encuentra dormido. Pero en el sueño normal las imágenes que formamos, a las que llamamos sueños, no son más que creaciones de nuestro subconsciente, residuos de nuestra actividad cerebral. Ustedes mismos comprobarán que cuando realizan una actividad rutinaria por un tiempo prolongado es común que luego al dormir o al cerrar sus ojos vuelvan a repetir esa escena en su mente. A algunos les habrá pasado, por ejemplo, que luego de una sesión continuada de Tetris nuestra mente sigue moviendo y colocando piezas como en el juego. El sueño, en este caso, es una reelaboración de informaciones almacenadas en la memoria.
Tenemos que diferenciar estas creaciones mentales que provienen de nuestro subconsciente de las experiencias del sueño cósmico. El sueño cósmico es real, tan real como lo que vivimos ahora con la diferencia que se encuentra en una dimensión distinta. Para ser más claros, no se trata de un sueño en el sentido onírico del término sino de un viaje a una dimensión que nosotros denominamos cósmica. Sin embargo, por lo que pudimos observar de sus experiencias, la mayoría de ustedes está focalizando sus viajes cósmicos como si se tratara de un sueño común y corriente sólo que más intenso. De esa forma, están dejando que el contenido inconsciente latente pase a manifestarse en el sueño cósmico, lo invada, por decirlo de alguna forma. Esto es, desde el punto de vista del estudio, lo que nosotros llamamos “contaminación” y es un problema muy común en este tipo de experimentación.

-¿Contaminación?- preguntó alguien y a la atónita pregunta le siguió un leve murmullo en la sala.

- A ver si puedo ser un poco más claro –retomó el médico. –Al dejar que sus manifestaciones inconscientes, que de forma normal entran en contacto con su nivel consciente a través de los sueños, entren al campo de experiencias cósmicas, están, por decirlo de alguna forma, obstaculizando el potencial de desarrollo de su viaje. Nosotros no estamos aquí para investigar los sueños, no nos interesan. Estamos aquí para estudiar los sueños cósmicos, viajes astrales, desdoblamientos o como les quieran llamar.
Sé que la incorporación de estos conceptos es complicada pero para mitigar las posibles confusiones de ahora en más vamos a concientizarnos a la hora de tomar la dream pill porque nos damos cuenta que fue un error pensar que con esta droga íbamos a eliminar esta anomalía recurrente. No conviertan esta oportunidad única para la que fueron elegidos en la simple proliferación de deseos reprimidos.
Para ser más claros, nadie les va a decir, por ejemplo, que no tengan sexo, pero a la vez sepan utilizar su tiempo en experiencias realmente significativas. Cuando entiendan que el sueño cósmico no es carnal sino espiritual empezarán a ver lo que hoy les está siendo vedado a causa de su ignorancia. Hay mucho que aprender en el campo cósmico, no pierdan esta oportunidad cegados por el deseo de lo cotidiano.

Cuando terminó la charla, me sentí terriblemente aludido y paranoico por el contenido de la misma. Me preguntaba de qué forma los médicos habían podido visualizar lo que había pasado en aquel parque y si lo que dijeron se hubiera referido particularmente a lo que yo había experimentado o si mi sueño sólo era uno más dentro de un patrón regular de viajes cósmicos ligados a deseos materiales. De todos modos, si bien entendía intelectualmente lo que decían, se me hacía aún muy difícil comprender verdaderamente la disociación cuerpo y espíritu que planteaban. Desde chico había rechazado la religión por mi imposibilidad de imaginar un mundo sin lo físico, sin la carne. La división dualística del cristianismo siempre me resultó poco palpable, incomprensible.

Giré la cabeza a mi alrededor en busca de la pelirroja, quería explicarle de alguna manera lo sucedido y, de pura suerte, alcancé a divisarla cuando salía apresuradamente por la puerta. Realmente yo no estaba seguro de si lo sucedido había sido un sueño o un sueño cósmico, si ella había participado del acto sexual o si sólo la había proyectado en mi mente. Necesitaba aclararlo así que corrí para alcanzarla.

-¡Espera! –Le grité mientras ella volteaba hacia mí.- Quiero hablarte.

-Escucha. Prefiero no hablar de lo que pasó hoy, lo siento –dijo sin disimular su turbación.

Dio media vuelta en forma dubitativa, pero luego retomó el paso ágil y apurado. ¡Ha pasado en serio!, pensé. Ha pasado…

jueves 9 de abril de 2009

CAPÍTULO 4


Recuerdo que aquella noche, antes de mi primer encuentro con la dream pill pensé en mi madre. Cada vez que paso frente a una casa con tejas rojas, aún después de kilómetros de distancia, pienso en ella inevitablemente. Recuerdo la casa que teníamos antes de la tragedia, era como esas de películas navideñas, con pisos de madera lustrosos, un pequeño pero acogedor hogar y una alfombra beige reposando cándidamente en el piso del salón. Mi perfecta madre con sus vestidos llenos de colores y sus plataformas de yute me traía cada atardecer el chocolate caliente en invierno y el zumo de naranja recién exprimido en verano, mientras la luz del sol o del hogar proyectaba en su rostro delicadas sombras doradas. Por esos tiempos, yo era un verdadero aficionado al dibujo y poseía una gran colección de retratos de mi adorada musa. Todas las semanas perfilaba trazos de ella y mi madre al ver los inconexos garabatos que mis dedos torpes habían creado reaccionaba emocionada como si tuviera frente a sí la más perfecta obra de arte. Acto seguido lo colocaba en un portarretratos que se ubicaba en la mesilla de su lado de la cama. Todas las semanas un retrato nuevo hasta que un día se fue y con ella, mis ganas de seguir dibujando.

Me alejé de la casa de tejas rojas y traté de ahuyentar vanamente el misterioso ardid de los recuerdos en mi camino hacia la Fundación Cosmic Dream. Entonces pensé en la joven pelirroja que me había confesado su dolor el primer día y en qué forma tan abyecta había yo rechazado hacerme partícipe de él. En cierta forma me recordaba a mi madre, o mejor dicho a los fragmentos nebulosos de ella en mi mente, o quizás sólo se tratara de una similitud cruzada de pérdidas. Una mujer sin su hijo, un hombre sin su madre… Entonces reparé en Ana pero no hubo más tiempo para pensamientos porque había llegado a mi lugar de destino.

De vuelta a la pastilla dentro de mi boca recelosa. Como dije, en un primer momento no sentí nada. Pero entonces escuché un zumbido muy intenso, tan fuerte como el de un panal de abejas completo arremolinándose en mis oídos. Me sentí como Winston Smith y su celda de ratas en la vívida representación de mi peor pesadilla. Pero prontamente todo cambió. Una repentina sensación de bienestar invadió mi ser aunque intuí que mi cuerpo ya no era el mismo. Abrí los ojos y me levanté de la cama, pero al darme vuelta no sólo me vi a mi mismo durmiendo sino que me encontraba en mi vieja casa, la de las tejas rojas. Sigilosamente caminé por la habitación bordeando la cama, como si alguien pudiera escucharme o acaso con temor a despertar a mi clon reposante. Una súbita sensación de terror me invadió nuevamente y de pronto me vi sometido por la idea de que si llegaba a despertar a mi doble (¿o acaso yo lo era?) moriría en el mejor de los casos, o deambularía errático en esta extraña existencia. Sin saber que hacer, intenté relajar mi mente por unos instantes inhalando y expirando profundamente hasta que por fin pude disipar ese pensamiento. Ya un poco más calmo, salí de la habitación, no sin antes cerciorarme del sueño plácido de ese otro yo. Pensé que al estar en esa casa quizás viera a mi madre pero nada de eso sucedió.

Entré a la cocina y encontré un chocolate caliente humeando encima de la mesa. Otra vez pensé en ella pero era imposible que estuviera allí, ya había recorrido toda la casa sin encontrar ningún rastro. Procedí a tomar el vaso pero inesperadamente mi mano lo penetró al tratar de cogerlo y mis dedos se quemaron con el chocolate que había en su interior. Lavé mi mano y pude ver como el agua la atravesaba; entonces me di cuenta de que yo era diferente. Tenía otra textura, otro envoltorio, por decirlo de alguna forma. Los próximos cinco o diez minutos los malgasté atravesando paredes y objetos. Cuando me aburrí de ello salí al jardín. Una suave brisa arrastraba las margaritas de un lado al otro mientras la lluvia puntiaguda del césped batía sus cabellos sin cesar. El cielo parecía más azul e incluso el corazón de las flores simulaba ser más rojo y brillante. Mi percepción era diferente en todo sentido. De algún modo los filtros habían desaparecido de mi cosmos de una manera única y constante.

A lo lejos divisé una forma conocida. El brillo del sol ardía en mis ojos y me era difícil decodificar la figura en forma certera. Me aproximé unos pasos y vi que se trataba de un viejo álbum familiar que se encontraba sobre el césped. Caminé, lo tomé y encontré extrañamente en él una sola foto entre las páginas pobladas de espacios vacíos: Mi padre y yo a la edad de cuatro años (¿ese también era yo?), abrazados (¿por qué no podía recordarlo?), riendo (y no esgrimiendo una tonta mueca con pretensión de felicidad). Entonces escuché un fuerte sonido, o quizás el agudo canto de un ave rapaz. Todo se iluminó en forma repentina y pareció desintegrarse centrífugamente. Había vuelto a la realidad, a la de esa sala circular, con ordenadores y doctores.

Me sentí muy perturbado por la experiencia. Quería apagar la luz mágicamente y despertar en la dulce cama de mi hogar. Me sentí asfixiado, rodeado. Uno de los médicos pareció notar mi descontento entonces se acercó, rellenó con agua mi vaso y susurró: -No te preocupes. Solo espera unos minutos y se te pasará.

Tenía razón. La incomodidad cesó dejando paso a una perpleja calma. De ninguna manera se trataba de un sueño y podía recordar cada cosa que había pasado con exacta precisión. Mi cuerpo se hallaba frío y tenso pero con la absoluta certeza de que de alguna forma, algo perteneciente a él había sido partícipe en esa extraña experiencia. Es algo muy difícil de explicar a decir verdad. Sabemos que las sensaciones son mucho más vastas que el lenguaje y en este caso en particular, esa deficiencia semántica parece manifestarse en forma mucho más estridente.

Cuando pude distanciarme un poco de mi propia vivencia miré a mi alrededor y observé las reacciones del resto de los participantes. Me sentí reflejado en sus rostros, mezclados de turbación, intriga y esperanza. Sin embargo el de ella denotaba calma. Con suma vergüenza presencié el giro de su cabeza hacia mi lado, para luego dedicarme sus ojos y esbozar una sonrisa. Mi costado irracional me decía que tenía que hablarle a toda costa, aunque no estuviera muy seguro de por qué debía hacerlo.

El doctor nos dijo que la sesión había terminado y que ya podíamos marcharnos. La experiencia se repetiría en dos días pero por un lapso de tiempo más prolongado. Dijeron que era mejor no decir nada sobre nuestros sueños cósmicos, que teníamos que interiorizarlos primero y acostumbrarnos a ellos antes de tratar de comunicarlos.

Salí en forma muy despaciosa tratando que ella se marchara primero para poder seguirla. En cuanto cruzó el umbral de la puerta me acerqué y le pregunté cómo había ido todo. Ella respondió que maravillosamente.

-¿Has notado algo raro en tu experiencia? –pregunté.

-A decir verdad –dijo contemplándome en forma pensativa- me pareció haberte visto en mi sueño, a lo lejos, de pie en un césped muy verde y de flores luminosas.

jueves 26 de marzo de 2009

CAPÍTULO 3



Me acomodé en una silla libre que quedaba entre dos personas al fondo de la sala. Releí el contenido de la pizarra sin llegar a hilar una conexión en mi cerebro. Los dos médicos se hallaban contemplándonos en silencio. De pronto el mayor dijo:

- Una de cada diez personas experimenta la sensación de salirse de su cuerpo al menos una vez en la vida. Sin embargo, son pocos los que pueden llegar a comprender en forma cabal este hecho y menos quienes logran aprovechar realmente la experiencia. Ni hablar de la mínima proporción que puede repetir este tipo de situaciones para así poder trascenderlas y ampliarlas.

Las distintas fases que ven descriptas en la pizarra forman parte del plan de acción que llevaremos a cabo de ahora en adelante en pos de investigar las posibilidades y potencialidades del sueño cósmico. Una a una iremos trabajando estas etapas, generando así un aprendizaje y un bagaje de herramientas, conocimientos y nuevas habilidades. Podría decirse, de algún modo, que a partir de hoy nos iniciamos no en un simple y llano experimento sino en una escuela donde aprenderán de nosotros pero a la vez, donde ustedes mismos tendrán que dar cuenta de los conocimientos aprehendidos. Es un proceso de ida y vuelta y es por eso que lo primero que tienen que grabarse en la mente el día de hoy es que ustedes no son meros conejillos de indias, vacíos receptáculos de la labor científica sino co-autores del descubrimiento y agentes fundamentales de su realización.
Podemos decir con seguridad que raramente los practicantes de viajes astrales habrán llegado a los resultados a los que nosotros arribaremos. La droga que utilizaremos para nuestras sesiones, que de ahora en adelante llamaremos DP (por Dream Pill), no ha sido utilizada más que en nuestras pruebas preliminares y ha sido especialmente ideada para este tipo de propósitos. Su especial composición nos llevará en aproximadamente dos minutos a la sensación de salirse del cuerpo a la vez que potenciará la sagacidad de nuestros sentidos en el universo paralelo al que nos veamos transportados.
La mayoría de los científicos que han tratado de racionalizar el viaje astral han fracasado por la endémica miopía que existe con respecto a la forma de abordar este fenómeno. La limitación natural de nuestros sentidos se ve reforzada por la limitación cultural de nuestra mente occidental. La Fundación Cosmic Dreams, por el contrario, se plantea como un punto de encuentro científico-místico, aunando ambas cosmovisiones, ambas formas de ver el mundo, en una síntesis nueva.

Debo reconocer que sentía una especie de fascinación hacia la forma de hablar de ese médico. Ese sentimiento activaba también las paranoias siempre presentes en mí de que sus palabras no eran más que detonantes de oscuros mensajes subliminales (Sí, lo reconozco, mi vida siempre se ha caracterizado por mucha ficción y poca acción. Debe ser por eso que estoy un poco gordito). El otro médico, en cambio, empezaba a darme mala espina con su eterna sonrisa beata pero la verdad es que poco es lo que podía inferir de él porque rara vez abría la boca. Pero lo que quería decir, tras este revuelo de pensamientos, es que el médico mayor tenía una manera asombrosa de concatenar las palabras, de tejerlas en el lenguaje, como si una a una le fueran dictadas por un invisible escribiente a la vez que un versátil marionetista distorsionaba levemente su rostro sólo por delicados gestos que enfatizaban su discurso.

-Los hemos elegido –continuó el doctor- porque hemos visto en ustedes perfiles con potencialidades que podrían ser valiosas para el proyecto. Ya verán que con el paso del tiempo, cada uno de ustedes vivirá esta experiencia de una forma totalmente original. Algunos llegarán más lejos que otros en los siempre imprevisibles devenires del sueño cósmico y eso también será inevitable porque lo que podemos ver y de qué forma vemos eso que vemos depende en gran medida de cuán afinado esté el instrumento y de cuán experto sea el ejecutante. En este caso, el instrumento no es otro que nuestra mente y el ejecutante no es más que la encarnación de esa mente, eso que llamamos el yo. Porque la mente no es el yo y si nuestra capacidad mental es tan lim

¡Joder!, pensé, cada vez estoy menos seguro de qué se trata todo esto. Mi pasión por la ficción se reducía a las películas y la lectura había llegado un poco tarde a mi vida, sobre todo de la mano de Ana. Muchas de las cosas sobre las que hablaba el doctor me parecían un poco confusas aunque me hacían recordar vagamente a un pequeño libro de budismo que leí hace unos años.

Terminada la presentación, el doctor-beato nos dijo que no nos preocupáramos por las fases detalladas en la pizarra, que a su debido tiempo ya ahondaríamos en ellas. Recién entonces me distraje un segundo y pude ver la ondulada y rojiza cabellera de la misteriosa mujer (¿o sería color granate?, no lo sé, eso de las tonalidades es cosa de mujeres, los hombres sólo vemos colores primarios). En ese momento nos dirigimos a una inmensa sala llena de máquinas de todo tipo, algunas conocidas en mis escuetas incursiones al médico y otras de aspecto muy extraño, como salidas de un film de ciencia ficción. Había una que captó ampliamente mi atención y me hizo pensar en salir corriendo inmediatamente de aquel lugar. Se trataba de una especie de casco transparente con múltiples cables que salían de él. Estos a su vez se conectaban a una computadora con tres pantallas por persona. Parecía haber todo un despliegue tecnológico en ese lugar y empecé a sentirme más que en un “co-autor del descubrimiento” en una mera rata de laboratorio.

No era difícil adivinar la ubicación que me correspondía ya que las camas tenían el nombre de cada uno inscripto en la cabecera. Tomé asiento en la que me fue asignada y recién entonces me percaté que tanto la sala como la disposición de las camas tenían forma circular. El doctor-elocuente dijo que procediéramos a colocarnos el casco, del que sólo reparó en decir que era una herramienta innovadora en este tipo de experiencias. Hasta ese momento y a pesar de mis dudas, me había estado auto-convenciendo de que la decisión tomada, la de acceder al proyecto, había sido lo más acertado que podía hacer con mi vida, sin embargo, la “bizarredad” de la situación empezaba a incomodarme y a hacerme sentir como el típico tonto crédulo, al que venden chicha por limonada. A la vez, todos los participantes parecíamos tan disímiles entre sí que empecé a preguntarme si nuestra selección no seguiría los parámetros amarillistas de los reality shows, donde los participantes son elegidos sólo para representar estereotipos y generar conflictos dentro del grupo.

Ya era tarde. El mero hecho de levantarme e irme me resultaba tan vergonzoso que el miedo se convertía en el motor de mi valentía. Ese rasgo es común en mí, si me lo pongo a pensar. Las grandes decisiones de mi vida fueron motivadas por el miedo a hacer el ridículo.

Coloqué el casco en mi cráneo y sorprendentemente se adaptaba a él como si hubiera sido hecho a su medida. El interior se sentía acolchonado y los cables que colgaban no se sentían. Al lado de la cama había una mesita de luz con un vaso de agua y un cuarto de pastilla color verde. Una vez que todos nos acomodamos en el colchón –podía ver claramente a la pelirroja pues se encontraba hacia mi diagonal derecha- el doctor dijo:

- Yo sé que estáis preocupados, pero no hay nada de qué preocuparse. Todo lo contrario… Estáis por despertar a un sueño plácido y fantástico. Cada uno tiene a su lado una pastilla. Tómenla cuando lo consideren necesario pero antes pónganse cómodos. Recuéstense, arrópense, sáquense los zapatos. Empezaremos de poco… Media hora solamente. Relájense y gocen…

Tomé la pastilla, la deposité en mi lengua y con un rápido sorbo entró en el organismo. Pasó un minuto y no sentí nada. De repente algo muy extraño pasó. Algo que no me había sucedido en toda la vida.

CAPÍTULO 2


-Vamos a hacer un pequeño receso de quince minutos –dijo el doctor más joven- y cuando volvamos empezaremos con las pruebas psicotécnicas para seleccionar a los miembros de nuestro proyecto. Tienen máquinas de café, agua y golosinas en la entrada.

Me quedé sentado por unos minutos reflexionando sobre todo lo que me estaba pasando mientras las piernas de la gente iban y venían a la altura de mi mirada. De pronto, la dulce voz de una mujer me dijo:

-Voy por un café. ¿Quiere usted que le traiga uno?

- Sí, por favor –respondí torpemente ante la sorpresa del ofrecimiento. Debo de tener demasiada cara de aturdido y desamparado, pensé a continuación. Cuando ella volvió fue recién cuando pude verla claramente. Tendría unos treinta y cinco años, cinco más que yo, pero vestía de una forma discreta y anticuada. A pesar de que era una mujer muy atractiva tenía cierto aire a persona mayor. Quizás el hecho de que no me hubiera tuteado me condujo también a ese pensamiento.

-Aquí tiene –dijo depositando el vaso descartable en mis manos. –Supongo que aún tendremos mucho por delante el día de hoy.

-Si, ya lo creo- respondí. Aquella mujer me inspiraba confianza así que me animé a exteriorizar las dudas que pujaban por salir de mi interior y de paso aproveché para romper la formalidad: -¿Qué piensas de todo esto? –pregunté.

-A decir verdad, estoy aquí no para buscar un trabajo sino por la necesidad de revivir una experiencia que tuve un año atrás y que no pude volver a repetir.

- Yo vine porque estoy desempleado –contesté sin saber que comentar a semejante declaración.

- Yo tenía una hija, ¿sabes? –dijo descargando en mis ojos una profunda intimidad que me acaloró. –La tuve sin quererla, odiándola por haber invadido mi cuerpo en la flor de mi juventud. Por ella tuve que resignar muchas cosas. Pero cuando la tuve nada de ello me importó. Esa personita iluminó mi vida. - ¿Tu tienes hijos?

- No, aún no.

- Hace cuatro años los médicos le descubrieron leucemia. El día de su muerte me dijo: “Mamá no te preocupes, estoy lista para irme. Ya no tengo miedo.” ¡Fue tan valiente! ¡Sólo tenía diez años! Yo estaba destrozada, por supuesto, sin poder rehacer mi vida. Pero una noche, un año después de su muerte, tuve un sueño muy vívido, que aún no logro racionalizar del todo pero que según lo que he leído se trataría de un viaje astral.

- ¿Entonces tú sabes de que se trata este asunto? –pregunté en un intento de hacer oídos sordos a su dolor.

- En realidad, no. Pero algo me dijo que tenía que venir aquí.

En ese momento los dos médicos volvieron a aparecer. Uno de ellos expresó:

- Empezaremos con algunas pruebas físicas que tomaran aproximadamente una hora y luego seguiremos con los tests psicológicos y las entrevistas que tardarán unas dos horas.

A continuación me vi sometido a diversos tipos de pruebas y no tuve oportunidad de volverme a encontrar con aquella mujer de la que ni siquiera sabía el nombre. Durante esa primera hora, me tomaron muestras de sangre y orina, me hicieron un electrocardiograma, una placa de tórax, inspeccionaron mis oídos y ojos, me pesaron, examinaron mi resistencia física haciéndome correr por diez minutos en una cinta y midieron mi elasticidad a través de ejercicios. Semejante cantidad de exámenes empezó a preocuparme un poco. ¿Es que acaso necesitaba yo aptitudes físicas excepcionales? En tal caso, ¿para qué?

Sin embargo, lo más duro e intrigante vino de mano de la entrevista personal. Primero tuve que completar una serie de multiple choice bastante corrientes que ponían a prueba mi lógica y rapidez o las respuestas a ciertas situaciones hipotéticas pero nada muy distinto de la clase de chorradas que te preguntan en las entrevistas de trabajo. Pero luego, cuando el escrutinio pasó a ser personal y tuve cara a cara a dos mujeres en guardapolvo blanco la situación cambió. Es gracioso lo nervioso que se puede sentir uno teniendo a dos nada despreciables damas revestidas de autoridad observándote como si fueras un mono de laboratorio. En ese momento no lo pensé pero ahora creo que no fue fortuita la elección de que fueran dos exponentes del sexo opuesto quienes me entrevistaban. Nada parecía librado al azar en ese lugar.

“¿Cuál sería el poder que elegiría si fuera un súper héroe?

¿A qué le tiene miedo?

¿Cuál es su mayor ambición?

¿Qué cree que pasa tras la muerte?

¿En qué animal le gustaría transformarse?

¿Qué espera que le dé esta experiencia?

¿Qué fue lo más osado que hizo en su vida?”

Esas eran sólo algunas de las preguntas que tuve que contestar intentando superar mis primeros balbuceos y mi mente acostumbrada a responder no con la verdad sino con la conveniencia. Era difícil contemplar cuáles eran las respuestas adecuadas así que decidí soltarme y ser yo mismo. Para finalizar, me mostraron algunas imágenes (mejor dicho: manchas) bastante extrañas que debía de interpretar (pero no las clásicas del pulmón o la Coca Cola que pasan en las películas sino otras más complejas).

Efectivamente habían pasado tres horas desde que empezara todo este proceso. Tras firmar el acuerdo de confidencialidad me despidieron diciendo que a la noche recibiría un mail con los pasos a seguir. Me resultó un tanto extraño que al salir no me cruzara con nadie pero estaba molido así que me fui a casa. Aunque parezca bastante tonto de mi parte decidí no contarle nada a Ana; le dije que no sabía de que se trataba todo ese asunto porque me habían hecho una entrevista laboral común y corriente, sin suministrarme ninguna información. No debí mentirle pero no quería asustarla y el meollo eran tan intrigante que me costaba incluso explicarlo en forma inteligible. Es recién ahora, con estas líneas, que empiezo a articularlo en mi mente.

Esa noche debí haber chequeado el correo en mi ordenador unas cuatrocientas veces hasta que finalmente recibí un e-mail con remitente y asunto idéntico: Fundación Cosmic Dreams. El mensaje decía lo siguiente:

Preséntese mañana a las 22.00 hs. Muchas gracias.

Pese a la inmensa expectativa que tenía y aunque parezca poco creíble, esa noche llegue diez minutos tarde. Se trata de una olvidable concatenación de circunstancias fortuitas que sólo deciden cooperar en los momentos clave de mi vida para jugarme una mala pasada. Al llegar, mis ojos visualizaron dos cosas: una sala con alrededor de diez personas entre las que se encontraba la misteriosa mujer y las siguientes anotaciones en la pizarra:

1° Fase: Exploración y sensaciones corpóreas

2° Fase: Interacción (comunidad)

3° Fase: Movimiento en el espacio

4° Fase: Reconocimiento de señales

5° Fase: Transformación

6° Fase: Interacción con otros sujetos (visibilidad aparente)

7° Fase: Movimiento en el tiempo.

CAPÍTULO 1


Otro día sin trabajo. Que hastío.

Quemarme las retinas mirando las tediosas páginas de trabajo en Internet. Competir virtualmente con cientos de candidatos anónimos tan desesperados como yo. Rellenar formularios, responder preguntas, acomodarme la corbata, chequear el aliento, esconder el tatuaje, esbozar una sonrisa prefabricada.

Cuánto quisiera hacer de mi Curriculum Vitae una obra de arte surrealista y no un frío compendio de conocimientos y experiencias. Escribir en mi perfil “Soñador empedernido busca trabajo cazando utopías” o chorradas por el estilo y adjuntar una foto riendo a carcajadas con un pitillo en la mano y el mar del fondo.

Hace unos días, sin embargo, sucedió algo extraño. Decidí comprar el periódico y chequear los avisos de empleo para sentirme como en los viejos tiempos en los que me despertaba a las cinco de la mañana para ser de los primeros en llegar a las entrevistas. En el diario encontré un aviso que llamó ampliamente mi atención y no soltó mi mente por el resto del día.

Parecía que el anuncio hubiera estado escrito para mí. Por primera vez alguien se dignaba a ampliar las posibilidades de la comunicación de una forma intrépida e intrigante. Debo reconocer que lo de “ampliar la conciencia hacia límites insospechados” era un tanto confuso y me sonaba a conejillo de indias pero de todos modos decidí emprender la aventura. No tenía nada que perder más que un par de horas que de todos modos malgastaría en alguna que otra burda distracción.

Esa noche en la cena se lo comenté a Ana, mi mujer, a quien todo el asunto le pareció un tanto escalofriante pero no por ello dejó de apoyarme como siempre lo hacía. Creo que habrá pensado que yo estaba loco al interesarme por un anuncio que seguramente estaría dirigido a pobres infelices o a amas de casa realmente desesperadas que encontrarían en esas líneas publicadas un motivo tonto y fútil al cual aferrarse. De todos modos, nada me hacía diferente (salvo el amor de Ana) a ese puñado de perdedores surgidos de su imaginación.

Al día siguiente me presenté en la Fundación Cosmic Dream. Al llegar me sorprendí de ver en el hall de entrada una fuente muy similar a la del pez en Mon oncle de Jacques Tati. Interpreté ese detalle como una señal, como habitualmente hacía con todas las cosas que me sucedían, y con una sonrisa entre dientes me pregunté si en la Fundación también encenderían el chorro de agua cuando llegan las visitas.

Rápidamente me ubicaron en una sala con otras treinta personas aproximadamente. Más que una entrevista parecía una capacitación ya que todos nos ubicamos mirando hacia un pequeño escenario. En cuanto visualicé a la gente me sentí un tanto ridículo al haber concurrido con bermudas y camisa hawaiana; la inmensa mayoría se encontraba formalmente vestida. Dios mío, pensé, la gente no usa su libertad ni aunque le sea impuesta.

Tras quince minutos de espera, salieron dos hombres en guardapolvos blancos, presumiblemente doctores. Uno tendría unos cincuenta años y un aspecto muy jovial y el otro andaría por los treinta y largos y una expresión afable. El mayor interrumpió el silencio y dijo:

-Bienvenidos a Cosmic Dream mis queridos amigos. Me imagino que la gran mayoría de ustedes estará preguntándose ¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿De qué se trata todo esto? Con intención de despejar sus dudas y calmar las ansiedades que se respiran en el ambiente les voy a dar una pequeña clave del motivo de su convocatoria: ustedes están aquí para aprender y aprehender ese mundo oculto que habita en los sueños y para participar de un proyecto innovador científico-místico único en el mundo.

-¿Se trata de someterse a un experimento científico? –alguien preguntó abruptamente.

-Bueno,-continuó el profesor –aquí nadie se somete a nada, en todo caso colabora. Y sí, podríamos hablar en términos de experimento científico pero a la vez hablamos de un descubrimiento que cambiará para siempre sus vidas.

El interlocutor no pareció satisfecho con la respuesta y decidió abandonar la sala. El doctor más joven sostuvo:

-Agradecería que todo aquel que desee retirarse lo haga libremente ahora pero por favor que el que decida quedarse se mantenga en su asiento hasta el final de la presentación.

Una mujer mayor se paró en forma decidida, dejando tras de ella la estela de un perfume ordinario mientras que una joven se retiró de la sala agachando la cabeza.

-Es bueno saber –retomó la palabra el profesor- que el resto de ustedes responde al menos a uno de los requisitos del anuncio: la curiosidad. La Fundación Cosmic Dream es una entidad privada científico-mística dedicada al estudio de lo que muchos llamarían viaje astral o sueño lúcido pero que en realidad presenta una gran diferencia con lo que nosotros hacemos aquí. Primero y principal, a partir de nuestras investigaciones hemos llegado a crear un componente capaz de transportarlos con un 98% de efectividad a los recovecos oníricos del viaje astral. Es decir, nuestro método no requiere de ninguna preparación previa, ni de ubicar la cama en dirección norte, ni de ejercicios de respiración, ni de hipnosis ni de la mera predisposición o suerte del participante que realice la actividad. Ya volveremos sobre este tema.
Otra diferencia importante es que al despertar seremos absolutamente conscientes de todos y cada uno de los acontecimientos que vivamos durante este sueño cósmico, como nosotros le llamamos. No tendremos un registro borroso de ellos, como ocurre generalmente con los sueños, sino que dispondremos de ese conocimiento para nuestra vida diaria. No hace falta que diga las consecuencias positivas que este hecho puede acarrear. Traten de imaginarlo por un minuto.

A esas alturas el público se hallaba atónito, siendo yo uno más de los confundidos espectadores.

-Veo sus caras de estupefacción –prosiguió el profesor tras una breve pausa- y me imagino que estarán pensando en que les voy a ofrecer la pastilla roja de Matrix. Por favor no se confundan. No hablamos de la posibilidad de salir de un mundo prefabricado para entrar en otro mundo físico sino de liberar nuestra alma. Como dijo el psicólogo cognoscitivo Jorge Olguín, el ser humano no tiene alma sino que es un alma con una envoltura física.
Creo que esta información es suficiente en esta etapa preliminar. Sólo hace falta aclarar dos cosas antes de proseguir con el proceso de selección. La primera es que el objetivo de este estudio, por el que serán remunerados económicamente, es delimitar las posibilidades de acción durante el sueño cósmico y, a su vez, establecer los efectos sobre la vida misma. El segundo tema refiere a que estaremos utilizando una droga especialmente preparada para estos propósitos. Si bien la misma fue probada en animales y humanos y no presentó efectos adversos en ellos, ustedes deben saber que hay seres que muchas veces desafían la estadística. Uno de los compuestos de la droga es la ayahuasca, un preparado vegetal producto de la planta Banisteriopsis caapi. Ayahuasca significa en quechua “la soga de los espíritus” y es utilizada por los pueblos indígenas de la Amazonia desde tiempos remotos para la comunicación con el mundo de los espíritus. De ahí la etimología de su nombre. Sin embargo, el porcentaje de esta sustancia en la droga que utilizaremos es muy baja, motivo por el cual pueden desechar desde ahora sus fantasías de entrar en trance como los chamanes.

Tras algunas risas en la sala el médico más joven dijo:

-Bueno, todo aquel que quiera quedarse para las pruebas como el que desee retirarse tendrá que firmar un acuerdo de confidencialidad, por el que serán recompensado. Por favor ubíquense a la derecha de la sala los que quieran proseguir con la entrevista y a la izquierda los que deseen retirarse.

Debo confesar que quedé petrificado al escuchar tamaño discurso. La gente se iba dividiendo en mitades, algunos con claros rostros de ofuscación, otros excitados, pero todos claramente confundidos. Sólo quedábamos un par de indecisos empotrados en sus asientos. Entonces una súbita ráfaga de valentía motivada por la atracción visual que representaba mi camisa hawaiana me llevó inesperadamente hacia el lado derecho de la sala.